Hoy si hubiera tenido un arma, me hubiese acriminado con todos los que estaban detrás del mesón. Me sentía casi como Robert Langdon, del Código Da Vinci buscando pistas para ir en busca de un documento, o para graficarlo mas autóctono, hoy jugaron conmigo al compra huevo. Tengo que graficar ese sentimiento que crecía dentro de mí, que estaba a punto de hacer ebullición.
Era un litro de rabia combinado con tres cucharaditas colmadas de odio, una taza de indignación, después de revolverlo todo sin que se pegue se agrega medio kilo de impotencia. Se deja macerando y después al horno con llama alta de burocracia. Lo dejas por 2 horas y después lo sirves acompañado de un vaso de coktel extraído de la misma yugular del cajero que te atendió.
¡Qué ganas de!, ¡qué ganas de!,... pero no pude, todo esta bomba de tiempo la retuve dentro de mi. Quizás mi respiración se vio afectada ya que se me hacían chicas las fosas nasales.
Volví a la oficina, y ahora ya estoy calmada, pero me acuerdo y me vuelven los síntomas. Deberíamos de andar trayendo en la cartera un “punch”, cosa de darle duro cuando nos sentimos agobiados.
Besos casi de: “un día de furia ”... eseq