El otro día me tuve que quedar hasta mas tarde en el trabajo, al momento de retirarme ya no alcanzaba el Metro. Tomé locomoción hasta Mac-Iver, y allí me subí a la primera micro que estaba estacionada esperando pasajeros. No quiero sonar a exagerada, pero me intranquilizó todo lo que ocurría a esa hora:
1. Primero el chico que pregonaba el recorrido, parado en el primer peldaño de la micro
2. La cantidad de accesorios que decoraba la parte delantera de la micro
3. El chofer iba con 3 personas más, sentadas alrededor de él.
4. La micro tenía una luz violeta encendida que hacía que todas las figuritas del techo resplandecieran.
5. Se prendía una luz intermitente, como si fuera discoteca
6. La micro estuvo parada esperando pasajeros como 10 minutos.
7. Reggaeton a su volumen máximo que dolían los oídos
8. Los especimenes que subían no eran nada de confiar 
Me senté en el segundo asiento al lado de una señora. Delante mío había un chico que tenía un actuar extraño: a cada rato miraba hacia atrás, como estudiando una situación. Después de unas cuadras otro joven se puso al lado mío parado, a pesar que había espacio hacía atrás.
Quizás todas las cosas que digo suenan a poca estética y nada más, pero estando dentro de esta micro uno podía sentir los bajos mundos donde existe la ley del más fuerte y no la razón ni el entendimiento, por suerte fui la primera en bajar, la locomoción seguía su camino hacia el final de Recoleta.
¿Qué sentía?, tenía mucho miedo, me sentí vulnerable e indefensa, sentía que en cualquier momento me pasaba algo, que me daban un lanzazo, que al bajar alguien me seguiría. Finalmente llegue sana y salva a mi hogar, pero pa` nunca más ese tour nocturno.
Besos enterita... eseq