Al otro día salimos nuevamente a encontrarnos con la carretera 5 sur. Al llegar a Victoria nos introducimos hacía la cordillera, pasamos el pueblo de Curacautín, el camino se extendía entre el volcán Lonquimay y Llaima, cruzamos el túnel de una sola vía llamado Las Raíces que es el más largo de Sudamérica, luego el pueblito de Lonquimay y acampamos en Lolén.

Aquí había un río con un puente colgante para vehículos era de madera con cuerdas de acero.
Al llegar a Liocura, tomamos el camino de ripio hacia Icalma, un pueblito fronterizo, allí en todo el borde del lago hay camping, nos quedamos en el "Pehuenche", el lago es realmente calmo, sin oleaje y aguas trasparentes.

Después de estar unos días y sin conseguir el "seguro internacional automotriz" para poder cruzar al otro lado de la cordillera fuimos a conocer la laguna Galletué.
Nos quedamos donde comienza el Río Bío-Bío, la dueña del lugar era muy expresiva y espontánea. Como satisfacción personal puedo decir que crucé a nado el Bío-Bío.

Volvimos a Icalma, esta vez hicimos traking, un día fuimos a una lagunilla, que según el letrero quedaba a 500 metros... nunca fue, fueron como 2 kilómetros. Al otro día encontramos unas cataratas, de aguas heladísimas.

Y el tercer día subimos un cerro altísimo, 5 horas duró esa jornada entre medio de bosques de araucarias y acantilados.

Partimos al Parque Nacional Conguillío, el camino es espectacular, bordeando el volcán Llaima con unas planicies de puras piedras volcánicas que uno puede dimensionar por donde pasó la lava, terminando en una quebrada que da hacia el río Truful Truful, de allí unos barrancos forestados.

Pasamos por la laguna Verde, y como su nombre lo dice era muy verde, luego la laguna Arco Iris... era grandiosa, que manera de tener colores el agua, calipzo, blanco, verde cata, azul, celeste. Por un lado de la laguna estaba un sendero de piedra volcánica y por el otro toda la vegetación.
Acampamos en la laguna Congillío, allí la cadena de montañas era imponente, hicimos traking hacia Sierra Nevada, en el camino ascendente de 3 horas y media siempre había algo que nos sorprendía, ya sea la vegetación, los miradores, o los árboles milenarios.

Al llegar a la meta era un paisaje increíble, entre nieve, cataratas que se formaban con los deshielos, rodeados de araucarias, mirar el volcán que estaba frente a nosotros, y tuvimos la suerte de ver dos cóndores haciendo surf en el aire.

La vuelta aunque no fue tan agotadora igual hicimos un tiempo de 2 hora y media.
En las noches íbamos con la linterna a paralizar a las liebres que había en el parque, y también clandestinamente con tarritos artesanales tratamos de pescar... no picó nada y el lago estaba atestado de salmones... esa fue una gran frustración.
Todas las noches Marcelo se las arreglaba para prender una fogata, donde calentábamos los huesos en las frías noches.
Todos los días fue distinto, las tareas las repartíamos... Los ánimos siempre estuvieron al máximo, uno decía upa y el otro chalupa...

Marcelo batalló todos los días con un resfriado pegote y yo aunque no me expuse al sol igual quedé negra reencontrándome con una vieja alergia que me da el astro rey.
Lo pasamos muy bien, nos maravillamos con los paisajes, disfrutamos las comidas, regaloniamos dentro de la carpa, reímos imitando a la gente, caminamos mucho, mucho, nadamos en todos los lagos... vimos muchos pajaros distintos, ah!! y matamos muchos tábanos que eran los campeones de los perseverantes.
Besos... eseq