De vuelta en las letras, todo a medida que el tiempo escaso que tengo me lo permita. Estoy en casa hace un mes y 9 días con mi pollito, los cambios han sido abruptos, si antes me alegraba por motivos mundanos, ahora mis alegrías son puntuales, mezquinas y caseras como por ejemplo: pude sacar un chanchito, o porque me acaricia con su manito mientras le doy pecho, o se ríe a carcajadas mientras duerme.
Mis ojeras llegan casi al piso, cada vez que puedo me acurruco al lado de Arturo para dormir los mismos sueños. Sus demandas de papa me dejan exhausta y temo no poder cubrirlas todas, teniendo que acudir a los famosos rellenos.
No veo la luz del día, bueno solo la veo por mi ventana, el encierro es total, pero mis energías no me dan como para salir ni a la esquina como para comprar el pan. Mis pocas salidas han sido trámites bancarios y horas al médico, ah se me olvidaba el cumple de mi mamá que me arranqué por 3 horas mientras Marcelo lo cuidaba.
Hay horas del día que llega un punto que tiro la esponja (22,23 horas), y ahí está Marcelo para cubrirme en el turno, esto ocurre siempre en la noche cuando ya mis fuerzas están agotadas y exprimidas al máximo… él se hace cargo y me acuesto a dormir hasta la 1 o 2 de la mañana donde hacemos el cambio nuevamente.
Lo bonito de todo esto es la felicidad que me brinda ver esa carita inocente, ver cuando se queja, o solo ver como duerme y hace gestos. Esto es maravilloso, es agotador no lo niego pero la recompensa en esas caritas es increíble.
Al abrazarlo se queda agarrado como un koala, se acomoda en el pecho y mira alrededor… ¿Qué pensará?, me pregunto o porque se ríe con tantas ganas cuando duerme porque despierto no lo hace aún.
Cumplió 3 meses, pero para los médicos tiene 19 días… ya está pesando 4 kilos y medio, con razón me cuesta tanto sacarlo de la cuna en la madrugada, cuando tengo que atenderlo y lo hago casi en forma sonámbula.
Luego voy a tener fotos para subir, fotos de él por supuesto porque yo estoy hecha un espantapájaros, y no es la idea de asustar a los lectores.
Hasta otro día en que tenga un tiempito para escribir.
Besos de mamá osa… eseq
Mis ojeras llegan casi al piso, cada vez que puedo me acurruco al lado de Arturo para dormir los mismos sueños. Sus demandas de papa me dejan exhausta y temo no poder cubrirlas todas, teniendo que acudir a los famosos rellenos.
No veo la luz del día, bueno solo la veo por mi ventana, el encierro es total, pero mis energías no me dan como para salir ni a la esquina como para comprar el pan. Mis pocas salidas han sido trámites bancarios y horas al médico, ah se me olvidaba el cumple de mi mamá que me arranqué por 3 horas mientras Marcelo lo cuidaba.
Hay horas del día que llega un punto que tiro la esponja (22,23 horas), y ahí está Marcelo para cubrirme en el turno, esto ocurre siempre en la noche cuando ya mis fuerzas están agotadas y exprimidas al máximo… él se hace cargo y me acuesto a dormir hasta la 1 o 2 de la mañana donde hacemos el cambio nuevamente.
Lo bonito de todo esto es la felicidad que me brinda ver esa carita inocente, ver cuando se queja, o solo ver como duerme y hace gestos. Esto es maravilloso, es agotador no lo niego pero la recompensa en esas caritas es increíble.
Al abrazarlo se queda agarrado como un koala, se acomoda en el pecho y mira alrededor… ¿Qué pensará?, me pregunto o porque se ríe con tantas ganas cuando duerme porque despierto no lo hace aún.
Cumplió 3 meses, pero para los médicos tiene 19 días… ya está pesando 4 kilos y medio, con razón me cuesta tanto sacarlo de la cuna en la madrugada, cuando tengo que atenderlo y lo hago casi en forma sonámbula.
Luego voy a tener fotos para subir, fotos de él por supuesto porque yo estoy hecha un espantapájaros, y no es la idea de asustar a los lectores.
Hasta otro día en que tenga un tiempito para escribir.
Besos de mamá osa… eseq