jueves, 25 de agosto de 2005

Fragmentos del libro: Para que no me olvides (Marcela Serrano)

Si tú eres mágico, papá, ¿qué magia me harás hoy día? Te haré desaparecer. ¿Cómo? Entonces él le hablaba al aire, abracadabra pata de cabra, y alzaba las manos moviendo cada coyuntura de los dedos como si de ellos emanaran imperceptibles efluvios y con voz de mago todopoderoso decía: a partir de este momento, Victoria será invisible. Acto seguido preguntaba, ¿y dónde está Victoria? ¡Desapareció Victoria! Ella corría alrededor de la pieza gritando, ¡aquí estoy, aquí estoy!, pero los demás simulaban no verla. Contenta giraba por la casa, ¡no existo, no existo!, pensando gustosa en las maldades que haría ahora que nadie la veía. Cuando la vencía el aburrimiento se arrimaba a los pies de su papá y tomándose de sus pantalones le decía, llegué, papá, llegué. Si éste no le respondía, se subía a sus piernas y le decía al oído, hazme aparecer, quiero estar contigo. Y él, con su magia total, la traía de vuelta a la vida.
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Me recuerdas a una amiga de mi mamá —interviene Victoria—. Su marido debía levantarse muy temprano cada mañana y desde la cama mandaba a su mujer, que también estaba acostada con él y que no debía levantarse a trabajar, a calentarle la taza del water porque a él le daba frío hacerlo. Ella iba y se instalaba un buen rato, sin mear ni cagar, instalándose no más... Cuando el marido sentía la voz de su mujer que le gritaba «¡Pedro, ya está!», él comenzaba con su primer rito del día.
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Me pillo a mí misma aferrándome a la vida y no lo comprendo. Si mi anhelo constante es morir, ¿cómo se explica? Reconozco que le tengo un miedo horrible a la muerte, pero también es verdad que no quiero estar viva.
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El tango es la expresión vertical de un deseo horizontal
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—Mamá, cuando tú eras chica, ¿la vida era en blanco y negro?
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Nuestras madres hicieron tantas cosas mal con nosotras y no las perdonamos. Hemos hecho un esfuerzo por ser distintas, pero igual fallaremos, desde otros puntos de vista. No te hagas ilusiones: ser mamá y cagarla con los hijos es la misma cosa, aunque las formas cambien de generación en generación.
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Estaba tan imbuida en sacar adelante mi proyecto personal, en ser alguien. Hoy, no quiero ser nadie. Vengo definitivamente de vuelta. Y ya es tarde.
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—No te asustes, Blanca, si la vejez es solamente no resistir que la saquen a uno de su rutina. Y amanecer siempre cansada. Nada más. —No —le contesta Sofía—. Mi teoría es que la vejez es la pérdida del control. Como se comienzan a soltar los esfínteres, se suelta todo lo demás...Mi madre me contó una vez que a los sesenta ella seguía teniendo la autoimagen de los treinta —comento—. Con espejo al frente y todas sus evidencias, no había caso, se seguía imaginando de otra edad de la real, viéndose a sí misma distinta a como la ven. Es patético, parece que nunca se asume la vejez.

Estos fragmentos los escogí porque me llamaron la atención, en ningún caso reflejan la historia del libro. El libro es si es bueno, se los recomiendo. Se puede descargar pinchando en el título de post.

Besos literarios... eseq