
Al otro día tomamos desayuno con huevitos de campo traídos de la parcela, y en un vehículo prestado con el Toto arriba, fuimos al mercado de Cauquenes porque con Marcelo queríamos comer pescado frito. El mercado estaba cerrado, me llevó a conocer el embalse que está a 5 minutos y saliendo de allí me pregunta si vamos a la playa... y como un corderito le respondí que yo iba a donde me llevara.
Nos encaminamos a Pelluhue, el paisaje era increíble, todo verde los cerros vestidos con pinos y algunos ya desforestados y vueltos a plantar. El camino era lleno de curvas, al llegar nos dirigimos hacia el mariscadero, de vuelta pasamos por el camino que bordea el mar, la playa era de arenas negras y el mar se veía muy bravo. Nos devolvimos y llegamos con los pescados para el almuerzo.
Cargamos el vehículo con lo necesario para el almuerzo y nos dirigimos a la parcela, donde vive el abuelo, nos introducimos por un camino lleno de cercas que había que abrir y dejar cerrado en cada pasada. Al llegar caminamos bordeando una ladera de un cerro y llegamos a la casa de los abuelos donde fue criado Marcelo.
No recuerdo haber estado en un lugar tan rústico, una casita de adobe que parece estar pegada con moco, barro y paja, en muchos umbrales había que agacharse para pasar, me da la impresión que se han ido hundiendo los pilares o entrega la información de cuanto median los bisabuelos cuando fue construida la casa.
El piso es de tierra, no hay alcantarillado, no hay baño sino uno de pozo, no hay ducha se bañan en el río que se encuentra al bajar una loma, como a 100 pasos, ah! pero si tienen electricidad.
Nos encaminamos a Pelluhue, el paisaje era increíble, todo verde los cerros vestidos con pinos y algunos ya desforestados y vueltos a plantar. El camino era lleno de curvas, al llegar nos dirigimos hacia el mariscadero, de vuelta pasamos por el camino que bordea el mar, la playa era de arenas negras y el mar se veía muy bravo. Nos devolvimos y llegamos con los pescados para el almuerzo.
Cargamos el vehículo con lo necesario para el almuerzo y nos dirigimos a la parcela, donde vive el abuelo, nos introducimos por un camino lleno de cercas que había que abrir y dejar cerrado en cada pasada. Al llegar caminamos bordeando una ladera de un cerro y llegamos a la casa de los abuelos donde fue criado Marcelo.
No recuerdo haber estado en un lugar tan rústico, una casita de adobe que parece estar pegada con moco, barro y paja, en muchos umbrales había que agacharse para pasar, me da la impresión que se han ido hundiendo los pilares o entrega la información de cuanto median los bisabuelos cuando fue construida la casa.
El piso es de tierra, no hay alcantarillado, no hay baño sino uno de pozo, no hay ducha se bañan en el río que se encuentra al bajar una loma, como a 100 pasos, ah! pero si tienen electricidad.
La casa se dividía por un pasillo techado a la ñanga ñanga, con las canaletas para lluvia amarradas con alambres, al lado derecho estaban las habitaciones y al lado izquierdo dos cuartos, uno con su refrigerador, cocina a leña, y un mesón y el otro cuarto había un fogón encendido al medio de la habitación y alrededor unas banquitas de 30cm de alto para sentarse frente a las llamas y cocinar allí. Saliendo de esta habitación estaban colgadas todos los utensilios de cocinar de color negro tiznado por el fuego.
Mi suegra empezó a freír el pescado en este fuego, mientras yo hacía la ensalada. Estuvo exquisito el almuerzo, después muy rápidamente nos devolvimos ya que teníamos pasaje a las 16hrs., llegamos a Santiago a las 21hrs., en casa ya duchados y listos para hacer cucharita a las 22hrs.
Fue lindo el fin de semana, no faltó nada, lo pasamos muy bien... estando allí vi como Marcelo se ponía cada vez más huaso para hablar, que muchas veces no entendía lo que decía con sus palabras distintas que me tenía que traducir... fue genial.
Besos viajeros... eseq