Hay varios tipos de transantiaguinos, pero voy hablar de un caso en particular. Estas personas ya están en la curva descendiente de la vida, ya no tienen todo en su lugar sino 10 o 15 centímetros mas abajo de lo original, pero siempre muy voluptuosas, en que su único aliciente es pasar por un edificio en construcción meneando el culo exageradamente para así escuchar a sus espaldas piropos entretenidos y muchas veces obscenos, ellas ponen cara de serias pero en su interior están tan agradecidas por hacerlas sentir que existen y se sienten atractivas otra vez.Para muchos el metro se ha convertido en una lata de sardinas, pero para ellas ha sido el paraíso hecho realidad. Si bien antes viajaban cómodas, con mucho espacio en el trasporte antiguo, el viajar así les brindaba una vida de rutina sin enganchar con ningún varón que les devolviera una sonrisa o una palabra y menos la posibilidad de tener contacto con el sexo opuesto.
Ellas ahora son atrevidas y suben al metro con otras intenciones, pegan una mirada panorámica y luego se desplazan hacia su victima, y aunque el metro esté desocupado, se ponen de espaldas al varón escogido acosándolo con su enorme trasero. Los pobres hombres abren los ojos sorprendidos, se quedan estáticos un poco sin comprender, y luego están tan achunchados que prefieren hacerse los tontos, mientras estas mujeres se dejan caer con cada frenada del metro, dándose impulso con el mismo trasero para buscar su equilibrio, para luego dejarse caer nuevamente en las entrepiernas de sus victimas.
Qué increíble!!, me da un poco de vergüenza que ocurran estas cosas pero a la vez es divertido pensar en la oportunidad que le ha brindado el transporte público a estas mujeres maduras que nuevamente se sienten vivas a expensas del calor ajeno casual.
Besos observadores... eseq